
Brillan por su ausencia libros que como éste, nos deleite con experiencias educativas de tanta belleza. “Comunidades familiares de Educación: Un modelo de renovación pedagógica en la Guerra Civil” nos muestra la maravillosa e intensa creación y labor pedagógica de Ángel Llorca, una figura fundamental en la historia Educativa Española, en el Grupo Escolar Cervantes (una de las más significativas en Europa dentro del movimiento de la Escuela Nueva) y en las Comunidades Familiares de Educación, creadas en el Perelló (Valencia) para los niños de Madrid evacuados durante guerra civil española (1936-1939). Experiencias de las que debido al silencio y la censura de la posterior dictadura franquista, nunca se pudo publicar ningún estudio sobre ellas.
Libro que plasma por tanto, buena parte de la asombrosa y extensa labor educativa de este genial Educador (influido por las bases teóricas de la Institución Libre de Enseñanza de Francisco Giner de los Ríos), en un trágico periodo histórico, que marcará un antes y un después en la sociedad y la cultura Española.
Son muchas las cuestiones que a modo de comparación, a uno le asaltan a la luz de estas fascinantes experiencias en el intento de obtener conclusiones sobre la confusa realidad actual. De entre ellas y como el dramatismo de los tiempos sabe justificar perfectamente la gravedad del tono, cabe señalar lo obsoleto de la relación educador-educando actual basada en la verticalidad asistencialista que alberga el discurso pedagógico técnico-especialista vigente “estando a su lado”… es desde la óptica horizontal, empática y fraternal del estar “de su lado” desde donde se genera movimiento. Se suceden los años y la elección sigue estando sobre la mesa: Educar para la vida o amaestrar para el mercado… Como señalaba Freire: “Ojala la Educación no brille por su sonoridad y sí por su fuerza transformadora”.
Las postales de dolor y desolación que pueblan los márgenes de la mercancía no pueden sufrir mucho más tiempo concepciones tecnologicistas de la relación educativa, la práctica docente, como señala Martínez Bonafé en su libro “Trabajar en la Escuela. Profesorado y Reformas en el Siglo XXI”, no es simplemente una acción instrumental, sino un orden de significados socialmente construidos e históricamente determinados.
No hay equilibrio en el malestar, el proceso educativo debe ser disparador de posibilidades, de afectos, de complicidades, continuo re-apasionamiento de lo cotidiano, maravilloso erotismo de la existencia vivida como extraña e irrepetible, movimiento desenvuelto en terrenos de lo incomunicable, de lo irrepetible, de lo insólito, es inspiración, apuesta, incertidumbre, maravillosa ceremonia de los sentidos…y en definitiva una armoniosa realización de la poesía por otros medios.
Este es un libro que por tanto, nos puede ayudar en la útil y siempre sabrosa tarea de someter el panorama educativo a contradicciones más fecundas, de mayor alcance, y que de ninguna forma podrá pasar inadvertido al curioso lector interesado en temas educativos, y por supuesto, mucho menos a las personas vinculadas directa o indirectamente a los mismos, espero intensamente que os guste.
Javier Pericacho.
Guadalquivir Educación.